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ADN de virus ovino milenario encontrado en pergaminos de evangelios medievales

Un estudio en Science Advances recupera ADN del virus de la viruela ovina en 17 pergaminos y un documento en papel de entre los siglos VIII y XIV.

Por Redacción ViralTox5 min de lectura
Imagen ilustrativa de archivo
Imagen ilustrativa · Foto de Google DeepMind en Pexels

Un equipo de científicos ha demostrado que los pergaminos de evangelios medievales pueden actuar como auténticos biobancos, conservando fragmentos de ADN de la viruela ovina, un virus que afectaba a los rebaños medievales y cuyo registro genético, reconstruido también con dientes y huesos, abarca al menos 3.500 años. El hallazgo, publicado en Science Advances en 2026, abre una nueva ventana al pasado ganadero que las crónicas escritas no registraron.

De la piel de oveja al pergamino: cómo se preserva el ADN viral

Según Muy Interesante, los manuscritos de un evangelio del año 1000 fueron elaborados sobre piel de oveja. El proceso tradicional de fabricación de pergamino —limpieza, eliminación del pelo, tensado y secado— atrapa pequeñas partículas de material genético en la matriz de la piel. Cuando el pergamino se escribe y se conserva durante siglos, esos fragmentos permanecen atrapados y pueden ser recuperados mediante muestreo, extracción y secuenciación.

El estudio y sus resultados más relevantes

Los investigadores analizaron 754 muestras arqueológicas e históricas y confirmaron la presencia de ADN de la viruela ovina en 39 de ellas, lo que equivale a alrededor del 5,2 % del total. De esas, lograron ensamblar 22 genomas antiguos o históricos del virus; 21 de ellos son inéditos. El único que ya se conocía corresponde a una mortandad masiva de ovejas registrada en la localidad francesa de Louvres.

Entre los manuscritos positivos destacan los Evangelios de York, datados entre 990 y 1020, donde tres folios mostraron trazas virales. Hubo además resultados positivos en el Corpus Glossary y en un códice con las cartas de san Pablo, datado hacia los siglos VIII-IX, que guarda el Trinity College de Cambridge. El balance final es de 17 pergaminos y un único documento sobre papel; en este caso, la explicación más probable es que el papel medieval solía encolarse con gelatinas de origen animal.

Quién firma el estudio y qué más encontró

La agencia SINC, que informó del trabajo el 4 de septiembre, precisa que lo dirigió el University College de Dublín y que su autor principal es Louis L'Hôte. Según esa nota, el Corpus Glossary, del Corpus Christi College de Cambridge, es uno de los primeros diccionarios ingleses. SINC describe la viruela ovina como una enfermedad muy contagiosa, capaz de causar una mortalidad muy alta sobre todo entre los animales jóvenes y de hundir la producción de lana, carne y leche.

El virus apareció también en pergaminos hechos con piel de ternero y de cabra, lo que, según SINC, apunta a contagios excepcionales entre especies o a cierta contaminación durante la fabricación. Y, según la misma nota, al comparar las secuencias antiguas con las actuales, el equipo calcula que los grandes linajes de capripoxvirus se separaron hace entre 11.500 y 3.700 años, una cronología que encaja con el auge de la domesticación y con el traslado de ovejas desde la estepa hacia Europa.

¿Qué implica este hallazgo para la historia de las epidemias animales?

El descubrimiento no indica necesariamente que los escribas de York o la propia ciudad sufrieran una epidemia en ese momento. Como explica Muy Interesante, el ADN pudo haber llegado a la piel antes de su transformación en pergamino, durante el curtido, o por contacto posterior con otros materiales. Sin embargo, la presencia de fragmentos virales demuestra que los códices pueden aportar indicios biológicos que complementan el registro histórico tradicional.

Esta disciplina, conocida como biocodicología, combina la codicología tradicional con el análisis de componentes biológicos de los manuscritos. Al reunir pequeñas piezas moleculares y ensamblarlas, los investigadores pueden rastrear la evolución del virus a largo plazo; el caso más antiguo analizado es un diente hallado en Myrzhik (Kazajistán), de entre 1875 y 1645 a. C.

Perspectivas y desafíos futuros

El estudio subraya el potencial de los archivos manuscritos como fuentes de datos genéticos antiguos. Aun así, el alcance de cada hallazgo es limitado: según Muy Interesante, el ADN de un solo pergamino no basta para medir el impacto de un brote, y para eso harían falta datos arqueozoológicos, registros de transacciones comerciales y estudios sobre la mortalidad del ganado. Los fragmentos recuperados, además, no son virus vivos ni capaces de infectar, sino restos degradados que hay que ensamblar con paciencia.

Tampoco puede darse por hecho que la oveja estuviera enferma: la señal podría venir de una infección sin síntomas, de contaminación ambiental o de la manipulación de la piel durante siglos, y los genomas reconstruidos solo en parte obligan a interpretar con prudencia las fechas de divergencia. SINC ofrece otra lectura: recoge que, al hallar ADN del virus en algunas páginas de muchos de los códices, los investigadores dedujeron que en su elaboración se usaron animales infectados. La agencia habla además de más de 3.700 años de amenaza para el ganado al sumar los dientes de oveja de la Edad del Bronce, aunque la misma nota y el título del estudio hablan de 3.500 años de historia del virus.

Cómo se elaboró esta nota: se redactó con asistencia de inteligencia artificial a partir de las fuentes periodísticas citadas y se verificó contra ellas antes de publicarse. Así trabajamos.

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